domingo, abril 12, 1998

A la Luz del Faro

A La Luz Del Faro

 

Pálida como la luz del faro abandonado, y rígida como las estatuas de mármol, ella comenzó a despertar… Sus músculos se iban relajando, pero la dificultad para abrir los ojos no le permitía ver a su alrededor.

Lentamente se iba incorporando sobre la gran sábana blanca que hacía unos momentos la cubría. El olor a formol era desesperante, aunque no más que el escozor que sentía en las cicatrices en sus muñecas o en la de la incisión que hiciera el forense horas antes en su tórax para realizar la autopsia.

Fue caminando lentamente a tientas por el corredor de la morgue hasta encontrar algo filoso que le sirviera para despegar sus párpados y labios. Tambaleante aún, buscó algo para protegerse del frío que causaba la helada brisa en contra de su piel desnuda, pálida como la luna, pero igual de bella a como una vez lo fuere en vida.

Se repetía una y otra vez que solo estaba soñando, sin embargo lo último que recordaba luego de haber caído desmayada por la pérdida de sangre era la sensación de haber flotado durante algunos instantes por la habitación hasta que todo quedó oscuro. Un segundo más tarde se había comenzado a levantar de entre las sábanas hediondas a formol.


* * *

“Ten cuidado con lo que deseas, que se te puede cumplir”… Son palabras que me repitieron numerosas veces, y a las cuales nunca les presté mucha atención. Nunca pensé que los deseos cumplidos pudieran ser algo de lo cual habría que cuidarse. Hasta ahora…

Llegué a casa esa noche a la hora de siempre, entré a la cocina y me preparé un emparedado. Todo estaba muy tranquilo, por lo que supuse que no había nadie en casa. Tomé el periódico y el teléfono inalámbrico y llamé a su trabajo para preguntar si continuaba allí. Distraído entre ambas cosas me dirigí al baño sin fijarme… mientras entraba me resbalé y caí en el suelo mojado. Pero el suelo estaba rojo totalmente, y ella, tirada allí, en el medio, sin respirar… sin moverse… con las muñecas abiertas… y todo estaba rojo: el suelo, su bata, el lavamanos… Yo, yo también…

Solo sé que al verla sentí una mezcla de dolor y rabia como nunca antes… Y grité. Grité con todas mis fuerzas tratando de expulsar esos sentimientos de mi ser. Pero mientras más gritaba mas me dolía. Mientras más me dolía más fuerte gritaba, abrazándola fuertemente contra mi pecho. Lo único que pensaba, lo único que podía pensar era en el deseo de que aún estuviera viva. Eso también formaba parte del grito… grito de dolor… de desesperación… de rabia… pero también era un deseo tácito de que en algún momento abriera los ojos y comenzara de nuevo a respirar…

Minutos después unos policías la separaban de mí. Los vecinos escucharon los gritos y los habían llamado. Yo estaba tan desconcertado que ni siquiera me di cuenta de cuándo habían entrado, ni siquiera me di cuenta cuando me tomaron por los brazos… hasta que me separaron del cuerpo. Teñido de rojo… todo rojo…


* * *

En la morgue del viejo faro abandonado una mujer, tan pálida como la luz del mismo, se levantaba tambaleante. Tras ponerse una bata que encontró en los casilleros, salió camino a su casa… aunque no deseaba ir hacia allá algo la impulsaba a seguir en esa dirección.

Sus pupilas dilatadas continuaban siendo parte de unos hermosos ojos, que por alguna extraña razón habían recuperado el brillo perdido hacía ya unos años. Después de morir, ella se sentía más viva que durante sus últimos meses de vida. Sin embargo sentía hambre y frío y tenía que llegar a casa… Pero aún no sabía por qué…


* * *

Llevaron el cuerpo a la morgue que se encontraba al lado del viejo faro. Al día siguiente lo llevarían a la funeraria. Mientras tanto fui interrogado por dos policías durante gran parte de la noche. “Solo procedimientos”, dijeron. Me mostraron una nota que encontraron en el apartamento. Lo único que decía era “Te amo mas que a mi propia vida, pero no puedo vivir contigo”. Era su letra… pero ¿qué quiso decir con eso?.

Me dejaron ir como a eso de las seis de la mañana. Estaba agotado, pero no podía dormir. Llamé al trabajo para reportarme enfermo y me quedé en casa limpiando y arreglando las cosas; llamando a familiares y amigos. A las diez, la policía de nuevo en mi casa… El cuerpo había desaparecido…


* * *

Al amanecer, ella aún no había recorrido la mitad de su camino, sentía los brazos y las piernas entumecidos y se sentía tan débil que casi no podía caminar. El camino entre “La Colina del Faro” y su casa estaba tan solo como ella misma se había sentido antes. A pesar de todo, se sentía viva. Era inexplicable la diferencia entre su estado físico y mental en aquel momento, pero sin poder mas que tambalearse durante su trayecto, sentía unas ganas enormes de correr y saltar. Quería vivir la vida que ya no tenía… Quería volar después de romper sus alas…

Sin embargo, sus piernas la llevaban a casa. Y solo allí podría ir.

Llegó a la puerta a eso de las diez, distraída, entró sin notar las miradas de asombro de su esposo y un policía que lo interrogaba en la sala. Sin palabra alguna se dirigió a su cuarto para descansar de la larga y tortuosa caminata la ciudad. Su esposo y el policía quedaron mudos durante largo rato, más pálidos que ella estuvieron mirándose las caras hasta que lograron salir de su sorpresa y dirigirse a la habitación.

El cuerpo yacía apaciblemente boca abajo sobre la cama, ambos se acercaron para revisarlo cuando este se volteó y abrió los ojos, lanzó un quejido y volvió a cerrarlos. Por más que lo intentó, el esposo trató sin éxito despertar de nuevo a su mujer. Mientras tanto, el policía llamó a una ambulancia y al cuartel para reportar el hecho.

Ambos testigos fueron largamente interrogados luego de que la ambulancia recogiera de nuevo el cuerpo… Sin embargo, al no conseguir explicación para el suceso, y notar el agotamiento del hombre, lo dejaron regresar a casa con un citatorio para la tarde siguiente.

Ya al final de la tarde, tras numerosos intentos inútiles de resucitar el cuerpo en el hospital, decidieron llevarlo de nuevo a la morgue del viejo faro para re-examinarlo. Horas más tarde abandonaron el lugar. Dejando en el reporte que el análisis no reveló ninguna anomalía para un cuerpo fallecido dos días atrás. La versión policial indicaba sospechas de que el marido lo había robado, a pesar del testimonio del oficial que lo interrogaba en el momento en que la mujer atravesó la puerta de su casa.


* * *

En la morgue del viejo faro abandonado una mujer, tan pálida como la luz del mismo y rígida como las estatuas de mármol, comenzó a despertar… Tras ponerse una bata que encontró en los casilleros, salió camino a su casa… aunque no deseaba ir hacia allá algo la impulsaba a seguir en esa dirección…


* * *

Tras interrogarnos a mí y al oficial, me dejaron ir con una citación para regresar al día siguiente a las dos para continuar. Regresé a mi casa agotado, me tiré sobre la cama y me quedé dormido, cuando desperté mi mujer estaba de pié al lado de la puerta del cuarto, me levanté sobresaltado y, antes de que pudiera hacer o decir algo ella se había acostado de nuevo en la cama.

Durante todo el día estuve de nuevo en el cuartel mientras me interrogaban mientras que el cuerpo de mi esposa era llevado a la funeraria para prepararlo para el entierro. Esa noche la pasé encerrado en una celda mientras se aclaraba el asunto.

A la mañana siguiente, el cuerpo había desaparecido de nuevo, solo que esta vez, el guardia de la funeraria afirmaba haber visto a una mujer - obviamente ella - saliendo por la puerta trasera poco después de la media noche.

Fuera de cualquier tipo de sospechas, me dejaron ir a casa, hacia donde me dirigí con no pocas dudas, pero con gran curiosidad…


* * *

Un hombre delgado, tembloroso y demacrado por el agotamiento y los nervios introdujo la llave en la cerradura de la puerta de su casa y, sin saber que esperar, entró y se dirigió sigilosamente a su habitación. Notó que una mujer dormía sobre su cama.

Temeroso, como sospechando algo, se acercó a ella para confirmar su identidad. Reconoció a quien había sido su esposa e intentó despertarla sin éxito.

Habiendo muerto hacía ya cuatro días y regresando por vez tercera a su casa para quedar inerte de nuevo, la mujer había dejado de representar para el hombre un sueño convertido en realidad: ahora era sólo una pesadilla de la cual no sabía librarse, por lo que decidió enterrarla esa misma tarde, tal vez - debe haber pensado - la sagrada sepultura le permitiría descansar en paz y no volvería a resucitar.


* * *

El entierro transcurrió con toda normalidad, esa noche pensé que lograría iniciar una vida normal, como todo joven viudo querría hacerlo, recordando a mi esposa con tristeza en lugar de terror, para luego retomar las riendas de mi existencia y alcanzar de nuevo la felicidad. Sin embargo nada de eso fue posible…


* * *

La mujer se despertó casi asfixiada. No recordaba nada desde que había caído desmayada por la perdida de sangre. Cuando quiso moverse, se dio cuenta de que no podía mover su cuerpo, sus ojos y labios estaban pegados y sus músculos rígidos como piedra. Poco a poco se fueron relajando, pero cuando intentó levantarse, se dio cuenta de que estaba encerrada en una especie de cajón. El terror que la invadió la paralizó de nuevo por unos momentos.

Minutos después, calmada de nuevo, comenzó a golpear el techo del cajón. Mientras el miedo se volvía a apoderar de ella comenzaba a golpearlo cada vez con mayor fuerza hasta que comenzó a ceder, aún cuando se sentía más débil que nunca, su fuerza había aumentado de tal forma que en pocos minutos el techo estaba totalmente destrozado. Aún no podía abrir los ojos cuando se levantó, pero palpando el lugar se dio cuenta de que estaba encerrada en una habitación sin ninguna clase de puerta o ventanas, solo las paredes de concreto la rodeaban.

Desesperada ya, recorrió el piso en busca de una de las astillas del cajón de madera, con la cuál se perforó los párpados y luego separó sus labios. No sintió nada, pero no se dio cuenta de esto debido a la confusión y el miedo que experimentaba. Al fin podía ver. Aunque estaba muy oscuro, notó que las paredes y el piso eran una sola pieza, sin embargo, el techo estaba encajado encima de los muros y pegado con cemento, aún fresco.

Tras golpearlo unas cuantas veces el techo se rompió y cayó junto con algo de tierra. Ella trepó por la pared y salió. A la luz de la luna vio que se encontraba en el cementerio de la ciudad, frente a una lápida con su nombre grabado en ella.

Cuando volvió a tranquilizarse comenzó a pensar en lo que había pasado los últimos días y a la única conclusión que llegó fue que, tras desmayarse, había perdido tanta sangre y su pulso se hizo tan débil que la habían enterrado viva. Las cicatrices en sus muñecas le hacían pensar que su teoría era correcta, hasta que el escozor en el pecho la hizo notar que, bajo la ropa, tenía otra que la atravesaba desde el cuello hasta el abdomen. Ya no sabía que pensar. Comenzó a caminar hacia su casa sin saber por qué, no quería ir hacia allá, pero algo la llevaba. Se sentía débil y desconcertada, sin embargo estaba feliz, cosa que tampoco entendía pues estaba aterrorizada por la idea de estar muerta, lo cual era la explicación más razonable que se le ocurría. Lo único que repetía era “Soy un zombi, no puede ser, soy un zombi…”

La mujer no recordaba ninguna de sus tres resurrecciones anteriores. Probablemente porque en ninguna de ellas se encontraba tan lúcida como en esta… Ni tan aterrorizada…

Llegó a su casa poco después de las tres. Silenciosamente entró por una de las ventanas de la cocina. Se preparó un café y un emparedado y se sentó a la mesa. Mientras comía pensaba en qué le diría a su esposo cuando se levantara…


* * *

Cuando me levanté pensé que mi idea había resultado. En mi cama estaba yo solo y no había rastro de que mi mujer hubiera estado en mi habitación de nuevo. Pero cuando me dirigí a prepararme el desayuno la encontré tirada en una silla, con la cabeza sobre la mesa, la mano izquierda colgaba de lado y el brazo derecho, sobre la mesa, sujetaba un trozo de pan mordisqueado. Como cosa rara, un rato mas tarde un policía, por teléfono, me “informó” que encontraron su tumba abierta. A diferencia de las otras veces, ese día el timbre la despertó. Colgué el teléfono sin decirle nada al oficial y me dispuse a hablar con mi esposa.

Aunque no lo había notado antes, percibí en la habitación un fuerte olor compuesto de formol y tierra mojada. Apenas cruzaba este pensamiento por mi cabeza cuando ella se levantó posponiendo la conversación hasta después de bañarse.

Pocos minutos después, guiado simplemente por instinto me acerqué a la puerta del baño y entré, sumergiéndome en la tina junto a ella. Para ese momento ya no pensaba. Actuaba de una manera automática como si nada de lo anterior hubiera ocurrido. Lentamente me fui acercando a ella reviviendo el romance que alguna vez existió en nuestra relación. Sin hacer caso de más nada hicimos el amor allí mismo, luego en nuestra habitación hasta la noche cuando, agotados, caímos dormidos hasta la mañana siguiente.


* * *

En la cama de una habitación espaciosa, una pareja hacía el amor como dos novios en su luna de miel. El hombre no parecía notar la extraña palidez de la mujer, ni las cicatrices que atravesaban su pecho y muñecas, o las heridas en sus párpados y boca. En ese momento solo eran dos personas como cualquiera, unidas en un solo respiro, con un solo latir de corazón y separados totalmente del mundo que los rodeaba.


* * *

Despertamos al día siguiente con la mente aclarada. Mi esposa, aunque radiante, continuaba pálida. Sus párpados y muñecas habían comenzado a sanar, pero la cicatriz en el pecho continuaba intacta.

El día anterior parecía haber sido solo un sueño para mí. No podía comprender lo que había pasado, y debo confesar que estaba realmente asustado por los acontecimientos de la última semana.

Cuando por fin nos disponíamos a reiniciar la conversación del día anterior, noté que el reloj marcaba la hora correcta, pero la fecha era la del terrible día en que la encontré desangrada en el baño. En el momento pensé que era un desperfecto, pero mas tarde vi que los periódicos tenían la misma fecha, al igual que los noticieros en la televisión y radio.

En el trabajo, todos los compañeros, incluyendo a los que fueron al funeral, se comportaron como si nada hubiera pasado. Y al despedirme de ellos en la tarde le mandaron saludos e mi esposa.


* * *

La pálida luz de un viejo faro se distinguía desde la ciudad mientras un hombre confundido caminaba hacia su casa. Abandonado hacía ya algunos años, el faro que le daba nombre a la colina era ahora sólo un monumento vecino al edificio de la morgue. Nadie comprendía cómo ni por qué continuaba encendiéndose todas las noches, pero nadie se atrevía a averiguarlo.

Esa noche, su luz apuntaba al hombre mientras caminaba. Lo siguió hasta la puerta de su hogar hasta que entró y cerró la puerta. Entonces se apagó definitivamente sin ninguna explicación.

12/ABR/1998
4:30a.m.
EEDC

jueves, noviembre 06, 1997

Soledad

Soledad

 

Mi vida es una herida abierta de la cual fluyen sentimientos sin respuesta:

Me siento tan solo que sólo en mi compañía me doy cuenta de cómo los demás se desvanecen.

El dolor se abre paso desde mis entrañas y se exterioriza con una explosión que mancha el silencio con un grito de desesperación.

06/NOV/1997
2:00a.m.
EEDC

sábado, junio 14, 1997

Sin Corazón

Sin Corazón

 

Tomó el cuchillo con la mano derecha y lo introdujo suavemente en su estómago, como si no sintiera nada. Poco a poco lo fue subiendo, como lo haría si subiera el cierre de una chaqueta, atravesándose el esternón tan fácilmente que pareciera de mantequilla hasta llegar un poco mas abajo del cuello, de donde se sacó el cuchillo con la misma suavidad con la que se lo había clavado. Luego lo colocó en una mesita que estaba a su lado.

Introduciendo sus dedos por la abertura, con ambas manos fue ampliándola como si abriera las puertas de una despensa usando su columna como bisagra para sus costillas. Luego de unos minutos sosteniendo las “puertas”, la presión que ejercían para volver a cerrarse desapareció, por lo que al soltarlas se quedaron separadas como a diez centímetros una de la otra.

Tomó un pañito de la misma mesa en donde se encontraba el cuchillo y se limpió la sangre de las manos. Después de dejarlo de nuevo en su sitio, introdujo su mano derecha por la abertura y se sacó el corazón con mucho cuidado. Estaba rígido como una roca, pero astillado como un parabrisas después de una pedrada. Antes de que lograra ponerlo en la mesa se deshizo en pedazos en sus manos, los cuales recogió y lanzó a la basura con rabia. Luego, calmadamente, volvió a limpiarse las manos y tomó un alambre que estaba en el piso, lo dividió en varias secciones y unió las dos partes del esternón con él, con varios anillos entre las costillas, los cuales soldó luego con otro alambre que colocó a lo largo de la fractura.

Al terminar aquello tomó hilo y aguja y procedió a coserse la piel, quedando tan perfecto que casi ni se notaba la cicatriz al mirarse al espejo. Se puso una franela y recogió todos sus instrumentos, limpió la casa y se fue.

El hombre sin corazón logró al fin la paz. Y así permaneció por un tiempo: Inmune a cualquier daño. Poco a poco fue creciéndole un corazón sin heridas, lleno de vida, y tan suave como alguna vez lo fuere el anterior… Hasta que la conoció…

Ella era una mujer hermosa e inteligente, elegante y culta. Graciosa o seria, acorde a lo que ameritara la situación. Ella logró hacer que su nuevo corazón se desarrollara cada vez más, llegó a tener un tamaño superior al normal… y más suave también.

Sin embargo, con el tiempo el hombre notó con angustia que ambos se iban distanciando, y quien lograra de alguna forma rehabilitar su corazón, ahora lo hería constantemente. Lo cual no era difícil considerando lo blando y delicado que se encontraba.

Con cada herida, las cicatrices que se formaban eran pedazos de piel más dura que la original. Y poco a poco la coraza que se fue formando impidió que siguiera latiendo. La falta de sangre lo fue secando hasta que, como el anterior, quedó solo una piedra arenosa y gris en lugar del músculo rojo, suave y vigoroso que bombeara su sangre originalmente.

Como tantas veces lo hubiere hecho antes, realizó la operación con mucho cuidado. Solo que esta vez la piedra no se deshizo en sus manos, ni se quebró al lanzarlo a la basura. Se mantuvo maciza totalmente. También él agregó algo al proceso: Cauterizó y cosió los extremos de sus venas y arterias, para que no creciera de nuevo. Se levantó y salió de la habitación inmune de nuevo (y esta vez por siempre) a cualquier sentimiento.

Días después, mientras la casa estaba vacía, y usando la llave que él le había entregado, ella entró a la habitación y encontró los restos de la operación. Con tristeza sacó de la basura el corazón de piedra, y comprendiendo lo que debía hacer logró, con mucho cuidado y cariño, regresarle parte de la vitalidad que antes hubiere tenido. Lo colocó en una jarra, en una solución perfumada que hizo que volviera a latir, y lo guardó con celo en un rincón de su propio closet, justo detrás de los esqueletos que allí reposaban.

Ordenó al demonio que tenía bajo su cama guardarlo con su vida, y salió en busca del hombre, que aún no regresaba.

Él, sin saber aún porqué, comenzó a sentir en su pecho un dolor parecido al que experimentaba con cada herida de su corazón, no se explicaba por qué, puesto que se había asegurado de coartar toda posibilidad de que esto sucediera: Después de la operación, construyó una habitación sin ventanas ni puertas - ni tan siquiera un hoyo de respiración - y se quedó dentro. Los ladrillos eran de cristal y eran lo suficientemente ligeros como para que pudiese trasladarlos a donde fuere, pero nadie podía entrar, y él no saldría por ningún motivo. Al encontrarlo, ella intentó persuadirlo de dejarla pasar, pero no lo logró. Primero por que él no quería, pero con el paso del tiempo, y la mejoría de su corazón, comenzó a ceder. Entonces se dio cuenta de que las paredes se habían hecho demasiado fuertes (o él demasiado débil) y no podía romperlas.

Él pasó el resto de su vida aislado tras la invisible barrera que él mismo había creado y ella, donde quiera que fuere, tuvo que cargar siempre con el corazón en el clóset, justo detrás del esqueleto y custodiado por su demonio.

14/JUN/1997
01:52a.m.
y
16/Jul/2000
04:17a.m.
EEDC

viernes, mayo 17, 1996

Viajar y Morir en El Metro

Viajar y Morir en El Metro

 

Si usted se ve en la obligación de viajar todos los días a su trabajo o centro de estudios, y no posee un medio de transporte propio, lo más probable es que tenga que pasar por una de las experiencias más horrendas en lo que a medios de transporte se refiere:
El Metro: Luego de pasar por una cola que duplica el tamaño de la de un concierto de los “Rolling Stones” para comprar un pasaje, nos vemos atrapados entre un inmenso cúmulo de gente que batalla para entrar en uno de los diminutos vagones del tren.
Pasadas varias estaciones, durante las cuales uno ya ha reducido su volumen debido a la presión, uno intenta salir a través de un muro, con personas en vez de ladrillos, que nos empuja de nuevo hacia el interior del vagón.
Luego de varios intentos (aproximadamente la tercera vez que uno llega a la estación destino), uno logra bajarse y continúa con el recorrido.
Si a uno (como sucede en mi caso) le toca atravesar por la transferencia, debe cuidarse de los empujones, pisotones, puñetazos y malos olores, que se reciben durante el camino donde lo que predomina es el “ganado humano”. Al culminar esto, la historia del vagón vuelve a repetirse.
Cuatro horas mas tarde, si uno no está muerto por la asfixia, puedo asegurarle que saldrá, de nuevo entre pisotones y empujones, al mundo exterior, y se dará cuenta de que lo empujaron por la salida equivocada en una estación desconocida…

17/Mayo/1996
EEDC
Hora de Estilo Y Redacción

viernes, abril 05, 1996

Carta Para Ti

Carta para Ti

 

Hay veces en las que desearía no haberte conocido. Así ambos viviríamos más felices: Tú no tendrías que preocuparte de mi existencia y yo no estaría con el alma destrozada pensando en lo difícil de vivir sin ser correspondido por la única persona que ha despertado esta clase de sentimiento en mi pobre ser.

Por el contrario, tú disfrutarías de tu vida sin mí como el enfermo incurable disfrutaría de la suya si gozara de plena salud; y yo disfrutaría de la mía como el preso que nunca conoció la Libertad y por ello no la extraña.

Pero por cosas de la vida, te conocí y me enamoré y, a pesar de todo, no lamento ninguna de las dos cosas... aunque me duelan...

05/ABR/1996
1:02a.m.
EEDC

jueves, marzo 28, 1996

Celos

Celos

 

Miro al infierno y veo tus ojos,

ardiendo en pasión mientras lo observas.

Cara a cara, uno al otro se miran;

y yo, sin mas, con pena contemplo

dos sombras que se funden en la misma pared.

A la luz de las llamas, un demonio en penumbra,

mientras mas brilla una, mas oscuro es el otro.

    Amor y Odio, Cielo e Infierno,

    Luz y Sombra, El Demonio y Ustedes,

    Triunfo y Derrota:

    Su cielo es mi infierno y yo su demonio.

28/MAR/1996
10:52p.m.
EEDC

jueves, marzo 07, 1996

Alucinación

ALUCINACIÓN

 

Al fin llegó a la cima de la montaña y se alejó de su pasado. Su alma se encontraba vacía y, sin embargo, nunca se había sentido tan vivo. Mientras respiraba el aire puro del lugar su mente divagaba hasta llegar a un punto de éxtasis en al cual ya no pensaba en nada en particular: era ahora tan solo un revoltijo de imágenes e ideas que no tenían significado, pero que llenaron el momento.

Cuando la alucinación terminó, se encontró a la orilla de un precipicio. Al mirar hacia abajo, lo alcanzó su pasado, recordó todo lo que la había mantenido en la penumbra durante las últimas semanas. Intentó volver a olvidarlo, pero era como su sombra, no se alejaba. Entonces decidió salir por la única puerta que le quedaba abierta.

Y saltó.

Y se sintió el hombre más feliz de La Tierra… solo que ya no era hombre y ya no era habitante del planeta… era tan solo la esencia radiante de lo que fue antes. Entonces fue cuando nació a un mundo nuevo.

Y por fin fue feliz por el resto de su no-existencia…

07/Mar/1996
12:15a.m.
EEDC

miércoles, enero 24, 1996

Muerto Por Un Camion

Muerto Por Un Camión

 

Cuando te diga qué siento,

sin esconder la emoción

puedes responder sin miedo

“Párate frente a un camión”

Pues, al pararme en la calle

y recibir mi golpón

no habrá quien se desmaye

sin decir “Fue por amor”

Y yo volaré por los aires,

marcada la placa en mi frente.

Pero tú, indiferente

te reirás por dentro cruelmente.

Aterrizaré en el pavimento.

Mientras, tú echarás el cuento

de cómo llegué yo a estar

bajo una placa de cemento.

Iré a dar sin lamento

a los confines del infierno,

pues, por decir lo que siento,


me mató un camión muy tierno.

24/ENE/1996
2:57a.m.
EEDC

lunes, marzo 27, 1995

Cuento Tonto

Cuento Tonto

 

¡Qué sensación tan increíble!: Siento el viento en mi cara como si estuviera volando. Todas las cosas se hacen más grandes a medida que me acerco. De pronto veo a mis compañeros hacer señas como locos mientras una bandada de pájaros les pasaba muy cerca, los miro con tranquilidad y les digo que se relajen, siempre con esa sensación de Libertad que me extasía. Ellos siguen nerviosos y de pronto se apartan y desaparecen. ¡Y pensar que todo esto sucede en unos segundos!

De pronto, en medio de esta fascinante experiencia, todo se pone negro. Cuando se aclara veo a mis compañeros con caras asustadas alrededor de alguien que no puedo identificar, ahora me siento como si flotara. Aún emocionado veo como todo se oscurece de nuevo, exceptuando un punto hacia el cual me dirijo. Cuando llego, lo que veo es un hermosísimo campo, el cuál recorro de lado a lado sin perder la emoción, aún cuando el campo se incendia, comienza a hacer un calor asfixiante y rápidamente tengo mi alrededor sólo ríos de lava, rocas y troncos ardientes. Comienzo a sentirme sofocado, y de repente, de entre las llamas, sale un hombre alto y corpulento, se parece al tipo que se fue con mi novia hace unos días, sólo que éste tiene en la espalda alas parecidas a las de un murciélago. Viéndolo mejor, quizás sí es el que se fue con mi ex-novia, ya ella se ocupó de dejarlo cómo a mí: de su frente sobresalen dos enormes cuernos.

Esto me está dejando de gustar. Mientras se acerca caigo bruscamente al suelo y siento que el calor aumenta cada vez más. De pronto, el hombre habló; dijo con voz muy grave y tono insultante sólo una corta oración que me hizo comprender lo que sucedía: “Debiste abrir el paracaídas, estúpido.”

27/MAR/1995
EEDC

miércoles, marzo 22, 1995

Recuerdos Moribundos (o Nombres de Mujer)

Recuerdos Moribundos

(o Nombres de Mujer)

 

Al nosotros mirar al río

y Los Increíbles lugares inmersos a nuestro antojo

En las irreverentes zonas,

abiertas bajo esta trágica historia,

Conocemos las antiguas uniones de inimaginable amargura,

En las estelares noches, absteniéndose De ir a nuevas aventuras.

Pudiendo arrancar tantos recuerdos inútiles,

como inmensas aves,

Cuando reposen inútilmente, solos, tan inseguros,

nadie atenderá Su adolorido llamado

y, Sin antes recibir ayuda humanitaria,

Morirán amargados resistiendo tan hirientes atrocidades.

Dolor auténtico, no importa el lamento amargo.

22/Mar/1995
8:45p.m.
EEDC

jueves, octubre 27, 1994

Último Suspiro

Ultimo Suspiro

 

Allí, sentado en su silla, recordó como su vida se iba consumiendo, sus amigos desapareciendo uno a uno sin dejar rastro, solo recuerdos, sus hijos, lejos ya, muy poco los veía, y su amada esposa, sepultada ya hacía mucho tiempo bajo una polvorienta lápida en un cementerio cercano. Allí, en ese momento, el anciano se dio cuenta del tiempo perdido en melancólicos recuerdos en lugar de disfrutar el poco tiempo que le quedaba de vida. Pero era ya muy tarde para recuperar ese tiempo: lentamente cerró sus ojos y, al cabo de un rato, se sumergió en el sueño eterno del cual no despertará jamás.

27/OCT/94
EEDC

miércoles, octubre 26, 1994

Tiempo

Tiempo

 

Caminando entre las horas

divagando a través del tiempo,

hacia adelante, la vejez; hacia atrás, la niñez.

Caminando sin sentido en un lugar inexistente;

entre dos momentos, atrapado,

sin poder regresar en el tiempo y sin poder evitar su paso.

¿Cómo puede algo ser tan confuso?

A veces, el mejor amigo… A veces, el peor enemigo…

Paseando por el tiempo,

y el tiempo pesando por mí;

siendo yo un punto en él; en algo que no existe, pero que está allí

y que, sin saberlo, moldea todo lo que hay en el planeta.

27/OCT/1994
EEDC